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Cinco peligros y enemigos del deseo cuando tienes hijos (y una edad)

Además de tener poco tiempo y mucho sueño, tu vida sexual se enfrenta a otros peligros, a enemigos que quieren acabar con tu deseo y tu placer. Algunos vienen de fuera, algunos son cosa inherente a tener hijos, pero otros… otros son tuyos enteritos.

1. Virus

El sexo y una gastroenteritis son, a priori, un poquitico incompatibles. No quisiera yo ser escatológica, pero la idea de andar haciendo posturas que requieren cierto esfuerzo físico, cuando a nada que estornudas te vas por la patilla… A pesar de que el sexo pueda implicar un -muy divertido- intercambio de fluidos, claramente esto, en concreto, no es lo que quieres.

Y cuando no es una gastroenteritis es un resfriado, o una gripe letal, o una conjuntivitis vírica que te pone el ojo como una puñalada a un tomate. Sexy, sexy, ¿eh?

Ser padre y pillar todos los virus del universo (virus que además tras el paso por cuerpos infantiles parece que se ciclan y se ponen fuertecitos paranormalmente) es todo uno, así que hay que aprovechar especialmente a partir de mayo o junio que es cuando la salud nos da un respirito.

2. Los pijamitas de franela

A este tejido que aporta calorcito sin igual, al mismo tiempo que sirve de anticonceptivo (porque aniquila el deseo), le he dedicado un apartado en 50 sombras de mami, porque lo merece.

Sí, la franela abriga el alma (y el culo, que por algún motivo, junto con los pies, son partes del cuerpo de la mujer que parecen estar muertas o en Invernalia), pero también es un potente repelente sexual.

  • El estampado. Puede que a ti te ponga indomable el tema, pero así en general Hello Kitty o Bugs Bunny NO SON ERÓTICOS, no.
  • El modo de uso: entiendo que se tenga frío en la vida, entiendo que se necesite calor, pero… ¿de verdad hace falta meter los bajos del pijamita dentro de los calcetines? Esto de hacer saquitos con el pijama, ya sea en los bajos o remetiendo una camiseta interior (que esto es muy de los 80) dentro del pantalón imposibilita físicamente el acceso a la carne, además de ser igual de excitante que un botijo con una funda de ganchillo. A tope.
  • El tacto: por lo que sea la seda sí pero la franela no. Tú estás in the middle of the night y buscas ahí con la mano a tu chati y como toques franela te vuelves a dormir ipso facto, es una maldición que tiene esta tela. Ya está, no se puede.

3. Desapariciones misteriosas

Cada día miles de padres desaparecen misteriosamente al caer la noche. Cada día se dejan de echar miles de casquetes polares por este motivo.

«En cuanto se duerman aprovechamos y tenemos un ratito para nosotros», dijo. «A ver si se duermen rápido hoy», dijo. Y realmente así lo creía, así lo esperaba… De hecho es justo en esto en lo que estaba pensando antes de caer en coma, agazapada al lado del peque en su cama.

Cuidado, amigos, acostar a los niños puede ser una trampa, un camino de no retorno para muchos. ¡Suerte, compañeros!

4. La camiseta de la Expo92

Amigos de mi alma, maromos bellos y apañaos, por favor, tirad esas camisetas que tenéis del viaje de tercero de BUP. Si ya ni siquiera existe esa ley educativa, esa camiseta también se merece la extinción.

Acepto que ya no se hacen camisetas como las de antes, que los dibujos duraban mucho más, que el algodón era más agradable… y todo lo que tú quieras, pero ahora que eres padre un slogan como «Yo sobreviví al Dragón Khan» no tiene mérito ni valor. Ponte una que diga «Yo sobreviví a una tarde de sábado en Ikea con los niños» y recibirás al admiración del personal.

Si el «tacto franela» y su aspecto son antimorbo textil, lo de las camisetas del pleistoceno de tu vida es que es de juzgado de guardia del amor carnal: lo que tú llamas suavidad es el realidad tela pasada, lo que tú llamas confort es acartonamiento sobacal, lo que tú crees que es sexy vintage es aniquilación sexual.

Así que si quieres «poner» (a tu chati, por ejemplo), ojito con lo que te pones.

5. El factor sorpresa encoge… almas

La sola idea de que tu retoño aparezca en mitad de la faena hace que… eso, que se te encoja el alma (y otra cosa), ¿verdad?

Es tanto el canguele que es tocar una teta (o que te la toquen) y escuchar sonidos fantasmas, «Mamáááá» o «Papáááá» lejanos, ruidos ratoniles que pueden ser… o no.

Y es que hay una especie de mecanismo universal secreto, un resorte que le ponen a los retoños que hace que se despierten de inmediato cuando os vais a poner mirando a Cuenca el uno al otro.

Bueno, ese mecanismo también se activa en otras circunstancias, por ejemplo según le das al play al último capítulo de tu serie favorita (ese que llevas todo el día deseando ver con ansia viva), cuando por fin te metes en la cama y tu oreja toca la almohada o cuando abres en la cocina una chocolatina secreta que guardabas como un tesoro gordo. Porca miseria.

 

Y a ti, ¿te mola meter el pijama dentro de los calcetines? ¿Duermes con leotardos debajo del pantalón? ¿Tiene tu chati una camiseta que quieras que desaparezca de una vez por todas? ¿Os han pillado alguna vez los peques? ¿Habéis sobrevivido al infarto?

¡Besitos!

Aunque luego hago un cartelito bonito y eso, aviso que el día 31 de Mayo, de 19:00 a 21:00 estaré firmando ejemplares de 50 sombras de mami en la Feria del libro de Madrid. ¡Te espero allí! (La presentación en Madrid, con charla y refresquitos, será en Junio, ya avisaré).

 

Mamen

 

6 comentarios

    1. jajajaja ¿y no es incómodo? Imagino que si duermes así es que no… pero, ¡no es bonito! jajajaja
      Qué pena no verte, a ver si la vida nos deja y nos encontramos pronto, guapísima!!! Besote!

  1. Me meo!!!!! XD yo meto el pantalón por dentro de los calcetines si! y con mucho orgullo XDDDDD Para mí lo peor es que la habitación esté «ocupada» y haya que apañarse siempre en el comedor o resto de la casa… quieras que no como la cama no hay nada… vaya temas XD

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* Esta soy yo *

Mamen Jiménez - Psicóloga

Psicóloga (tengo mi consulta, doy talleres y charlas...), bimami (6 años y 2 años, ole), escribo y dibujo sobre psicología, pareja, maternidad... y lo que surja (o me dé tiempo). Me gustaría dormir más. ¡Bienvenida!

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